El cuento tradicional

EL CUENTO TRADICIONAL.

Caperucita, Blancanieves, La Cenicienta…son cuentos conocidos por todos; los hemos oído y contado una y mil veces.

Son historias que vienen de la tradición oral que debemos recuperar porque son las primeras que nos han contado y gracias a ellas hemos ido construyendo nuestras estrategias lectoras. Pero, ¿qué sabemos de esos personajes que, por otro lado, nos son tan familiares? ¿Cómo ha sido su vida una vez que el cuento ha terminado? ¿Es posible continuar el cuento y darle la vuelta? Vamos a trabajar con la Interrogación Divergente (ID), una técnica que consiste en hacer preguntas sin ningún tipo de censura, sobre todos los aspectos que se nos ocurran sobre un tema.

Veamos un ejemplo: El cuento de Caperucita Roja plantea muchos interrogantes sobre diversos comportamientos de los personajes. Cabe hacerse preguntas de todo tipo que vayan más allá de la lógica.

Caperucita Roja

Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tanto que todos la llamaban Caperucita Roja. Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo. -Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla. Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo: -Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía. -¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo. -¡Oh, sí! -dijo Caperucita Roja-, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo. -Pues bien -dijo el lobo-, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero. El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la abuela; golpea: Toc, Toc. -¿Quién es? -Es su nieta, Caperucita Roja -dijo el lobo, disfrazando la voz-, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía. La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó: -Tira la aldaba y el cerrojo caerá. El lobo tiró la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc. -¿Quién es? Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó: -Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía. El lobo le gritó, suavizando un poco la voz: -Tira la aldaba y el cerrojo caerá. Caperucita Roja tiró la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada: -Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo. Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo: -Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes! -Es para abrazarte mejor, hija mía. -Abuela, ¡qué piernas tan grandes tienes -Es para correr mejor, hija mía. Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene! -Es para oírte mejor, hija mía. -Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene! -Es para verte mejor, hija mía. -Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene! -¡Para comerte mejor! Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.

 

Si recurrimos a la interrogación divergente, nos surgen una serie de preguntas que pueden dar lugar a una nueva versión del cuento en clave de humor.

Ej. ¿Era la madre de Caperucita una irresponsable al mandarla sola al bosque? ¿Desde cuándo hablan los lobos? ¿Era Caperucita corta de vista por no reconocer a su abuela? ¿Qué día hacía aquella mañana? ¿Era rica la abuela?¿Dónde está el padre de Caperucita ¿De qué color eran los ojos del lobo? ¿Qué opino yo del cuento? ¿Caperucita no tenía padre? ¿Por qué las autoridades del pueblo dejaban andar a la gente por el bosque sabiendo que había lobos? ¿Caperucita no iba a la escuela? ¿Por qué no se comió el lobo a la niña nada más entrar por la puerta de la casa? ¿Era un lobo travesti?…

?Si seguimos haciendo este tipo de preguntas, el cuento puede tomar otros derroteros. La propuesta de escritura consiste en hacer una nueva versión del cuento tradicional utilizando la interrogación divergente.

  • Imita el estilo de los cuentos tradicionales.
  • Utiliza pequeñas descripciones: el paisaje, la casa, etc.
  • Incluye unas líneas de diálogo
  • Ilústralo

 

 

 

 

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